Las protestas en Irán se intensificaron en los últimos días a raíz de una profunda crisis económica y política que ha desatado el descontento social en amplios sectores de la población. Aunque las manifestaciones comenzaron de forma pacífica, la escalada de tensión ya dejó al menos seis personas muertas tras enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, principalmente en el oeste del país.
El detonante inmediato fue el colapso de la moneda nacional y la pérdida acelerada del poder adquisitivo, pero las consignas que hoy dominan las calles reflejan una inconformidad mucho más profunda. Miles de manifestantes han pasado de exigir soluciones económicas a reclamar abiertamente un cambio de régimen, con gritos como “muerte al dictador” dirigidos a la cúpula del poder.
Una crisis económica que se volvió política
Actualmente, el tipo de cambio supera los 1.45 millones de riales por dólar, cuando hace apenas un año rondaba los 820 mil. Con salarios que apenas alcanzan los 100 dólares mensuales, incluso la compra de alimentos básicos representa un desafío diario para millones de familias.
En un país altamente dependiente de las importaciones, este choque inflacionario ha tenido efectos inmediatos y devastadores. Para la abogada de derechos humanos Gissou Nia, del Atlantic Council, la economía fue solo el detonante: “Lo que estamos viendo es una insatisfacción profunda con el sistema y un deseo claro de que el régimen desaparezca”.
Protestas más radicales y persistentes
A diferencia de movilizaciones anteriores, las protestas actuales concentran experiencias acumuladas desde 2017: frustración social, represión violenta y una crítica estructural al sistema político. Consignas como “Zan, Zendegi, Azadi” (“Mujer, vida, libertad”), retomadas del movimiento de 2022, conviven ahora con llamados explícitos a la salida del régimen.
Las demandas de reformas han quedado atrás; el objetivo, para muchos manifestantes, es el propio sistema de poder encabezado por el líder supremo Ali Jamenei.
El papel clave del bazar
Un elemento simbólico y estratégico ha sido la participación del bazar. Históricamente considerado un pilar económico y político del país, su paralización marca una ruptura significativa. No solo afecta el abastecimiento, sino que golpea el núcleo conservador que durante décadas sostuvo al régimen.
“La movilización de los comerciantes refleja que la situación económica ya no es sostenible”, advierte Nia, recordando que una huelga similar precedió a la Revolución Islámica de 1979.
Una crisis social en expansión
La crisis ya no es solo económica: también es social e infraestructural. Los ahorros se devalúan, los medicamentos escasean y los cortes de agua y electricidad son cada vez más frecuentes, especialmente en zonas urbanas. La clase media, tradicionalmente más estable, se encuentra ahora entre las más afectadas.
Este deterioro generalizado ha reducido el miedo a la represión. Para muchos ciudadanos, el riesgo de salir a protestar es menor que el costo de seguir viviendo bajo las condiciones actuales.
Respuesta del régimen y acusaciones externas
Mientras el gobierno emite mensajes de apaciguamiento, las fuerzas de seguridad han respondido con una represión temprana y violenta, utilizando gases lacrimógenos y disparos contra manifestantes, según videos difundidos en redes sociales.
Como en ocasiones anteriores, las autoridades han atribuido las protestas a una supuesta intervención extranjera, señalando a Estados Unidos e Israel. Sin embargo, analistas coinciden en que la magnitud y rapidez de la movilización difícilmente pueden explicarse desde el exterior.
Para muchos iraníes, este discurso no demuestra fortaleza, sino una desconexión cada vez mayor entre el liderazgo político y la realidad que enfrenta la población.
