La CES 2026, el evento tecnológico más influyente del planeta, no solo dejó gadgets sorprendentes y robots domésticos futuristas, sino también una de las controversias más inquietantes del año: Emily, una muñeca con inteligencia artificial diseñada para adultos que promete combatir la soledad… pero que muchos ven como un símbolo alarmante de la deshumanización de las relaciones.

Creada por Lovense, empresa de Singapur especializada en juguetes sexuales inteligentes, Emily fue presentada como una “compañera emocional” capaz de conversar, recordar información íntima y adaptarse a los deseos de su usuario. Sin embargo, su lanzamiento encendió las alertas éticas sobre privacidad, misoginia, objetivación femenina y aislamiento social.

Una muñeca que habla, recuerda y “cambia de personalidad”

Emily es una muñeca de tamaño real, fabricada con silicona de apariencia hiperrealista, equipada con un esqueleto articulado y movimientos faciales limitados, incluyendo la boca para simular conversaciones. Lo que la distingue es su inteligencia artificial conversacional, diseñada para crear vínculos emocionales con el usuario.

De acuerdo con la empresa, esta muñeca puede funcionar como compañera diaria, apoyo emocional y herramienta de exploración personal, incluso ofreciendo la posibilidad de modificar su “personalidad” para ajustarse a las fantasías de quien la adquiera, bajo la promesa de convertirse en “la mujer de tus sueños”.

¿Compañía o aislamiento disfrazado de tecnología?

La polémica no tardó en explotar. Especialistas y usuarios cuestionan si dispositivos como Emily realmente combaten la soledad o si, por el contrario, profundizan el aislamiento, al ofrecer una relación sin conflictos, límites ni necesidad de empatía real.

Críticos advierten que este tipo de tecnología elimina elementos esenciales de la interacción humana, como la negociación emocional, el consentimiento mutuo y la reciprocidad, sustituyéndolos por una “compañía” programable, siempre complaciente y sin capacidad de cuestionar.

Objetivación, control y misoginia programada

Otro de los puntos más alarmantes es la representación de la mujer que refuerzan estas muñecas. Emily encarna estándares de belleza irreales, roles de sumisión y una dinámica en la que la personalidad, las emociones y la respuesta emocional femenina pueden ser compradas, ajustadas y controladas.

Para algunos analistas, el uso de IA en este contexto normaliza la idea de que las mujeres son objetos personalizables, lo que podría reforzar conductas misóginas y contribuir a la desensibilización frente a la violencia de género.

IA íntima… ¿y quién protege los datos?

La controversia se intensifica al considerar que Emily cuenta con memoria persistente, lo que le permite almacenar y aprender de conversaciones íntimas. Esto ha despertado serias dudas sobre qué tipo de datos se recopilan, cómo se almacenan y quién tiene acceso a esa información, en un contexto donde la privacidad digital ya es frágil.

¿Avance tecnológico o señal de alarma social?

La presentación de Emily en la CES 2026 dejó una pregunta incómoda sobre la mesa:
¿Estamos ante una innovación que redefine la compañía humana o frente a un producto que profundiza la deshumanización, el control y la soledad?

Mientras la tecnología avanza, el debate apenas comienza.

Por Editorial

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